A medida que Clara y Elena continuaban liberando a los espíritus atrapados en la residencia de Chiltown, el pueblo empezó a experimentar un cambio. Las noches ya no eran tan oscuras y opresivas, y los susurros que antes acechaban en el viento se habían desvanecido. La gente comenzaba a respirar aliviada, sintiendo que el terror que había envuelto al lugar por tanto tiempo finalmente estaba desapareciendo.Sin embargo, Clara y Elena sabían que su tarea no estaba terminada. Sentían una presencia persistente y oscura que se resistía a dejar el bosque, algo mucho más antiguo y poderoso que los espíritus que ya habían liberado. Una noche, mientras descansaban después de un arduo día de trabajo, una pesadilla compartida las despertó al mismo tiempo: un fuego profundo en el bosque que no traía luz, sino oscuridad, y una voz siniestra que susurraba desde el abismo, liberada por la luz.
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