El. Iniciado.




Todos se reían de " Ojos de lobo". No se burlaban de el, al contrario, comprendían muy bien lo que sentia. El no era el único que le pasaba cosas así, no exactamente, pero algo parecido.
"Satinka", estaba callado. Todos se reían mientras pasaban una bota con un líquido típico de los blancos o rostros pálidos. El no quería ser endemoniado por aquel brebaje de rostro pálido.
Bastante se rieron de el, cuando era un simple niño. Eso lo hizo pensar en una historia que contar. Pero seguro que se mofarian de el. Nunca le salieron bien las cosas. "Decisiones, decisiones, decisiones".... siempre ocurría lo mismo, no importaba ¿el como y el porque?, todo le salía mal.
Satinka o "hombre danzante", era un cazador de las altas montañas. Todas las mañanas, saludaba al sol, posiblemente su único amigo. Los demás, no lo veían, era como si fuera indispensable, simplemente no era importante. Nada que ver en lo que pasaba en el bosque, una vez cruzado el arroyo, Satinka hacia un silbido y todos los animales acudían a saludarlo. Los amaba, criaturas grandes o pequeñas, no importaba. Entre ellos había más que una simple amistad.
Al caer la noche, Satinka, vailaba junto a los animales del bosque: saltando y llamando a sus ancestros. El los sentia, junto con cada animal que se le acercaba. El espíritu de cada uno vailaba alrededor del fuego junto con Satinka. Los aldeanos o indios de la tribu, tan solo veían a un hombre celebrar su soledad ante el fuego y en la espesura de la noche. De ahí su nombre "Satinka: hombre danzante.
Satinka, mientras reían los demás sobre las pequeñas anécdotas referentes a la història de "Ojos de lobo",recordó una situación, en la que su vida estubo cuestionada por su familia.

"-.Las danzas solitarias las hacen los hombres medicina. (Dijo el jefe de los cheroquis, cuando Satinka era niño). Un piel roja debe ser un guerrero y cazador de bisontes, el lugar de los animales solo es para los que no pueden ser un auténtico Cheroqui. Estos no valen como uno más y no se les permite procrear, solo sirven a los espíritus del pasado"

En aquel momento, la voz de su padre del pasado hizo que Satinka se sintiera molesto. Llevaba días sin cazar. Estaba nervioso y muy inquieto. Deseaba desprenderse de aquel peso, cuya charla con su padre, hace algun tiempo. Siempre quiso ser lo que la vida le había regalado, lo que su familia no acepto: ser un comunicador con los animales, "un médium" entre el espíritu del hombre y el de las criaturas del bosque.

Su seriedad, hizo que los demás fueran bajando la voz.
Uno de los presentes dijo: -. Todos somos iguales, ante los ojos del fuego Satinka, Te has levantado, tienes permiso para hablar.
Así que, comenzó a relatar...
-. El agua que brota de la roca jamás podrá unirse con las llamas de una fogata....
(Todos fueron callando por respeto a uno de los suyos.) Al igual que la tierra jamás podrá unirse al cielo. Ambos actúan de la misma forma cuando tocan la barrera,; el agua se transforma en espíritu y la tierra junto con el aire también. Trascienden y se moldean como la arcilla a la piedra. Se adaptan. Saber y comprender los límites de uno mismo, es comenzar a adaptarse. Uno esta listo cuando no sabe. Pero puede caer en el error de escoger el camino del "orgulloso". He aquí mi historia.....

-. En la tribu de las estepas del este, Más allá de las montañas flecha, fui enviado para celebrar mi edad adulta: "La prueba de honor y respeto". Consistía en atravesar una montaña; cruzar su bosque, saltar un acantilado y volver al cruzar el bosque. Todo, y antes de que el sol se despidiera y dar paso a las estrellas.... "

Un bosque lleno de vida, y de diversos animales, pero al caer la noche, depredadores extraños y nada conocidos salen a la luz de la noche para deborar todo ser vivo a su paso. Un pantera negra, a los que los indios Cheroquis llamaban "espíritu de la noche".

Satinka seguía explicando -. Yo tenia mucho miedo. Mientras que hermanos y amigos de la familia apoyaban el destino que esperaba a Satinka.... Con una edad pequeña y antes de hombre, yo era uno de los 4 participantes, el más enclenque de todos. Ellos eran como ciervos, marcando todos sus relieves, fuertes y ágiles, como un auténtico piel roja. Satinka era niño sin cambios, lento y sin experiencia más allá del poblado...

Antes de comenzar, el juez de la tribu, hizo su charla. Avisando de la sombra que cernía el bosque.
-. ¡En ningún momento dejéis de correr!¡ Por ninguna razón! ( Sus ojos se abrieron ante aquéllos niños de 10 años) desconfiar de lo que hay allí dentro ( dijo señalando los inicios del gran bosque sagrado) Todos estaremos al otro lado. Aquel que pase al otro lado será nombrado " Ayudante de cazador". És decir que dispondrá de tutor y un puesto importante en la cámara de los sabios, las familias de los que superen la prueba serán recompensadas de pieles y miél.
Una flecha se clavo en la tierra. Una rama casi recta, más gruesa que las habituales flechas y decorada con símbolos sagrados, plumas de lechuza, de águila atadas con tendones de animales y decoradas con colmillos de lobo. Tras la señal todos comenzaron a correr.
Rapidos, ágiles, con rivalidad entre ellos. Pero atrás, les seguía como podía Satinka.
Devorados por la frondosidad de la maleza, todos los chicos, dejaron de formar parte del mundo real y fundirse con aquel inhóspito lugar.
Ya estaban todos dentro del bosque.
Satinka, el último de los tres, no podía más con su alma. El cuerpo le pesaba. El hecho de correr sin saber que dirección coger le había agotado: los pies le pesaban, el cuerpo no le permitía ir a una velocidad adecuada a la prueba. "Oso" le llamaban sus amigos, por su rostro y fisonomía .... , la rabia lo deboraba por dentro, dejando de percibir las irregularidades del sendero. Sus contrincantes y amigos de la infància corrían a toda prisa, saltando troncos inertes y sin vida, esquivando las ramas de los árboles, volteando y zafandose de pequeños desprendimientos de rocas. A veces miraban hacia atrás, como si les importará la lentitud de Satinka.
Y en aquel instante... !zas! Satinka cayó rodando hacia abajo. Un desprendimiento considerable de grava hizo que empujará el cuerpo hacia a lo profundo del barranco. Rodó y rodó por la colina entre los arbustos y las piedras. Finalmente, su cuerpo lleno de morados se detuvo en una pequeña esplanada, como el canal de un antiguo río seco. Y encima de sus piernas un montón de escombros: rocas, maleza y algún que otro animal muerto que no había tenido tanta suerte como el.
Satinka estaba mirando el cielo, aquella brisa cálida hacia que sus lágrimas de orgullo se secasen. Temía de la desaprobación de su familia, ser la vergüenza de su clan.
Pero mas que su miedo, por lo que pudiera decir los demás, le dolía mucho el tobillo izquierdo.... pero no podía mover las piernas. Estaba amordazado de cintura hacia abajo.
-. No podía moverme, el cielo me aplastaba contra la tierra. Como si un espíritu errante se hubiera postrado en mi pecho. No podía hablar, mi mandíbula había recibido un golpe muy fuerte. Mis dedos , torcidos, y con los ojos hinchados, sin poder ver... (decía Satinka mostrando sus heridas y contando su historia). El hombre, es fuerte y resistente. Puede con todo. Pero a menudo se olvida, de que su mundo no sólo existe lo que le rodea: en el interior de cada uno de nosotros, existe el espíritu sabio. Y cuando todo parece desvanecerse como las recientes cenizas de una fogata al viento, esa voz silenciosa surgió desde el pecho hacia fuera. Entonces mi boca, sin saber como, comenzó a llamar a los espíritus del pasado. (Satinka, comenzó a cantar una vieja canción Sioux)

El chico herido, intentaba moverse por la tierra como lo haría una serpiente. Llorando del gran dolor que sentia al moverse. De su boca salían esas oraciones indias, de forma lenta y forzada. Soplos en la arena, sílabas guturales que resonaban en el pecho y le proporcionava al joven una fuerza especial. Cada vez más fuerte. Cada paso como el tardante día sin agua ni comida. Arrastrándose, empujandose con las palmas de las manos por que sus dedos estaban rotos. Pero la voz o canción india, le daba el aliento y fuerza para seguir avanzando. Y empujarse para salir de allí.

Satinka con los ojos contemplando el fuego, podía vislumbrar aquella pesadilla. Como si estuviera en ese tiempo, en ese momento, sólo y a merced del destino. Nadie sabía que no podía moverse. Sólo y en medio de aquel bosque.
-. Nadie vino. Ni siquiera los animales a los que tantas veces habían acudido cuando los llamaba... El sol se escondía tras las copas de los árboles, el viento de la noche reclamaba a su tormenta gris en la lejanía. Pero nadie venia. Yo atrapado de cintura para abajo, llamaba a mis ancestros con el canto y mi espíritu se relajaba. La noche había llegado junto con la tormenta....
-. Pero entonces...( dijo el indio que estaba a su lado)... tu eres un gran cazador. Tu familia es respetada por todos los Cheroquis, tu mujer e hijos hablan del gran Satinka, "el cazador, fuerte y valeroso". Dinos ¿que paso después? ¿Cómo saliste del bosque?
Satinka, mostró su amuleto: un diente de la criatura más tenebrosa de todo el territorio Sioux, el colmillo del espíritu de la noche.
-. Una vez iba caminando por el bosque como tantas veces. Creemos que las cosas son de una forma y que no pueden cambiar, pero cuando vi aquella rama fina como un aguja de coser clavada en aquella abeja, como si los accidentes inocentes de los insectos fuera un hecho, supe que todo en este mundo puede ser posible. Como decía... Mientras me arrastraba por la tierra, recitaba el reclamo de mis ancestros y a los espíritus del pasado. Jamás olvidaré aquella mirada....

Los rayos y relámpagos, iluminaban la espesura del bosque. La noche se tornaba de día en intervalos de tiempo. El viento se había hecho participe de la situación. Y entre uno de esas luces, Satinka se asustó. Ante su presencia tenia al demonio de la noche, una cabeza de pantera con sus dientes afilados y mirándolo fijamente.
Satinka respiraba con fuerza. Aquellos ojos poseian la resplandeciente humedad. No le hacía falta aquella poderosa mandíbula, su mirada ya lo estaba devorando. Aquellos truenos seguían con más fuerza que nunca, iluminando más el lugar en donde Satinka se encontraba.
Aquella enorme bestia estaba empalada con los troncos de desprendimiento.
-. Supongo que debió seguirme. Al ser el más lento de todos. Pero ninguno de los dos sabíamos que aquella cantidad de rocas y escombros iban a eliminar al espíritu de la noche y a mi convertirme en un cazador de prestigio. Muchas veces nos olvidamos, de que formamos parte de la vida, pero también de la incertidumbre y que todo no depende de nosotros. Todo esta vivo y ante los ojos de la madre naturaleza, no hay una cadena alimenticia.

Fin




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Cuentos Altruistas 1

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